Spotización del cuarto informe en Peña Nieto


Por Óscar Cuevas

@CuevasO33

La comunicación política en México [1] comenzó con las elecciones de 1988, cuando el régimen del partido único[2], que tenía como eje fundamental la presidencia[3] y la alianza con el sindicalismo[4], comenzó a colapsar y a evidenciar su incapacidad para poder salir victorioso en las elecciones presidenciales con márgenes aplastantes.

En aquella contienda, tanto el Partido de la Revolución Democrática (PRD), como Acción Nacional (PAN) apostaron por hacer política a la vieja usanza, al contrario del Revolucionario Institucional (PRI), que contó con el apoyo de Televisa para posicionar a Salinas[5].

En 1988 quedó demostrado que los medios de información y la exposición en los mismos no son suficientes para legitimar a un candidato, ni siquiera para que el grueso del electorado lo identifique; además de que las preferencias electorales no demostraron una preferencia aplastante en favor de Salinas que tuviera una correlación con el tiempo que estuvo expuesto en medios.

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A pesar de ello, en la actualidad las campañas políticas giran en torno a la exposición mediática, como si de ello dependieran los resultados de una contienda electoral. Es común escuchar a los ciudadanos y ciudadanas quejarse sobre las campañas, que no dicen nada y ocupan espacios en los medios de información para no dar a conocer absolutamente nada.

Ya en las pasadas elecciones nos quedamos esperando las propuestas de Movimiento Ciudadano, las de Encuentro Social y, prácticamente, la de todos los partidos políticos; quienes apuestan por una mercadotecnia en pro del candidato en lugar de presentarnos sus plataformas políticas. En lo que se refiere a la comunicación gubernamental, que tiene como objetivo principal informar sobre los logros alcanzados por las diferentes administraciones, tampoco han logrado transmitir datos relevantes para la población.

El cuarto informe de gobierno del presidente @EPN apostó por una propuesta comunicativa innovadora, sin embargo, tuvo el efecto contrario, como casi siempre en su administración. La frase que identifica este esfuerzo es “lo bueno casi no se cuenta, pero cuenta mucho”, eslogan que no nos dice nada. ¿No es el objetivo de cualquier gobierno tender al bienestar de la mayoría? ¿No debe cualquier administración pública mejorar la situación de sus gobernados y gobernadas?

Coincido con Sosa Plata[6], la campaña parece estar así destinada sólo a los incrédulos de los logros del gobierno peñista, a aquellos que cuentan y reproducen las denuncias de corrupción, de retrocesos en materia de derechos humanos, en seguridad y empleo, que se han presentado en este sexenio. “Desde luego debemos de atender lo que no está bien y seguir siendo críticos. Es parte de nuestra democracia”, dice el Presidente en uno de los spots, pero reprocha: “lo que no podemos ser es derrotistas”.

Retoma el malestar social que nos recuerda su desafortunado “Ya sé que no aplauden”, pareciera que el equipo de comunicación del presidente no entiende que en medio de una crisis de legitimidad, lo que tiene qué hacer el presidente es explicarle a sus gobernados y gobernadas por qué ha sido incapaz de dar resultados y de “mover a México”.

Más allá de la clara intención de mostrarnos qué ha hecho bien el gobierno de @EPN, vuelven a equivocarse en la forma. La estructura de los spots es errónea, recurrir a un formato de telenovela que ya no convence a nadie, diálogos agotados, poco novedosos, obvios y francamente aburridos; denotan lo que ha sido la administración Peñista: una mala parodia del ejercicio del poder político.

¿Debemos pensar que la administración del presidente ha sido exitosa por un caso aislado? ¿Solamente han ayudado cuatro años de gobierno a ocho personas? ¿Por qué grabar las cápsulas en la presidencia y no en las casas de las personas beneficiadas como bien apunta Sosa Plata?

El equipo de comunicación peñista yerra en una cosa: no comunican lo que las ciudadanas y ciudadanos queremos escuchar. No nos dicen qué es lo que ha pasado con la industria petrolera, con Ayotzinapa, con Tlatlaya, con la crisis de derechos humanos que se vive en México. No se nos explica por qué se invita a un personaje que humilla a nuestros connacionales en Estados Unidos, no se nos dice cuál es el plan de la administración de @EPN para impulsar la economía y no dejarla peor que en el sexenio de Salinas.

El mirreyismo del equipo peñista evidencia que la distancia entre el mundo en donde se mueven los altos funcionarios del gobierno y el de los ciudadanos y ciudadanas de a pie están a miles de años luz de distancia. Para colmo, su supuesta discusión con los jóvenes en el cuarto informe de gobierno quedó como un mero ejercicio legitimador, como una simulación de discusión pública.

Pareciera ser que al presidente @EPN le importa poco lo que diga la opinión pública, lo que sientan los gobernados y gobernadas, lo que se escribe en la opinión publicada, lo que se opina de él en diarios internacionales y prensa especializada. Peña no se ha dado cuenta que su impopularidad no solamente afecta a su partido, sino a la institución que había funcionado como árbitro del desacuerdo en México.

La incapacidad de @EPN demuestra que el viejo presidencialismo mexicano ha muerto, que la hegemonía del PRI está en riesgo y que México necesita despertar para cortar de tajo con el sistemático ejercicio de la impunidad, el compadrazgo y la ineficacia que han demostrado las personas servidoras públicas durante la administración de @EPN.

Si bien urge un cambio en el modelo de comunicación gubernamental y política; es más imperativa una transformación de la manera en cómo elegimos a nuestros representantes. México ya no aguanta más la evidente separación entre quienes ejercen el poder y quienes sufren sus pésimas decisiones sexenio tras sexenio. Nuestro modelo democrático urgentemente necesita menos teatro y más deliberación pública. Menos spots y más debates. Menos representación y más implicación en las decisiones.

 

Referencias

  • Aguilar, Rubén y Yolanda Meyenberg. (2015) La comunicación presidencial en México (1988-2012). México, D. F. UNAM, Instituto de Investigaciones Sociales; Saltillo Coahuila: Gobierno del Estado de Coahuila de Zaragoza.
  • Casar, María Amparo (2001) “Executive-Legislative Relations: The case of Mexico”, en Scott Morgenstern y Benito Nacif (eds.), Legislative Politics in Latin America, Nueva York, Cambridge Univertisty Press.
  • ______________ (1996) “Las bases político-institucionales del poder presidencial en México”, Política y Gobierno, vol. 2, núm. 2, pp. 61-92.
  • Cosío Villegas, Daniel (1972) El sistema político mexicano: las posibilidades del cambio, México, Joaquín Mortiz.
  • González Casanova, Pablo (1967) La democracia en México. México. Era.
  • Mainwarning, Scott (1993) “Presidentialism, Multipartism and Democracy: the Difficult Combination”, Comparative Political Studies, 26, pp. 198-228.
  • Monsiváis, Carlos (1992) Comunicación, cultura política y democracia. CONEICC, Sexto Encuentro Nacional, México, D. F. pp. 28-30
  • Nacif, Benito (2004) “Las relaciones entre los poderes ejecutivo y legislativo tras el fin del presidencialismo en México” en Política y Gobierno. XI, Núm. 1, Semestre 2004, pp. 9-41.
  • Padgett, Vincent (1976) The Mexican Polytical System. Boston, Houghton. Mifflin Co.
  • Sosa Plata, Gabriel (2016) “Lo bueno casi no se cuenta” 6 de septiembre de 2016 en http://www.sinembargo.mx/06-09-2016/3088729

[1] Entendida como el espacio en el que se intercambian los discursos contradictorios de los tres actores que tienen legitimidad para expresarse públicamente sobre política, y que son los políticos, los periodistas y la opinión pública a través de los sondeos. Wolton (1995) en Meyenberg y Aguilar (2015)

[2] Ver más en Casar (1996), Cosío Villegas (1972) González Casanova (1967)

[3] Casar (2001), Mainwarning (1993), Padgett (1976)

[4] Nacif (2004)

[5] Monsivais (1992)

[6] “Lo bueno casi no se cuenta” Sosa Plata, Gabriel.  6 de septiembre de 2016 en http://www.sinembargo.mx/06-09-2016/3088729 consultado el 06 de septiembre de 2016

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